HUELLAS NEGRAS
Rosa López
Bielsa
Tarea
fácil y surgida de manera natural en la elección del tema. Eso es lo que
parecía en un inicio este proyecto, pues, ¿cómo iba a poder ser de otro modo si
la minería es algo que ha estado presente durante toda mi vida en mi entorno inmediato,
impregnando cualquier ámbito y recordándonos que casi todo dependía de ella?
Pues bien, muy lejos de lo que pudiera aparentar, la comodidad con respecto a
la elección del tema en un inicio se limitó a la elección del título acorde con
el tema y ni tan siquiera. Huellas negras
sonaba atractivo, sugerente y con fuerza para poner nombre a un proyecto de
fotografía documental centrado en el patrimonio minero en general, en todas sus
facetas.
Pero
además de lo apropiado del título, para mí no dejaba de retumbar lo que el
adjetivo negras puede connotar además
de referirse a la evidente huella física de una roca como es el carbón: la
marca que deja o ha dejado en todos esos ámbitos una actividad económica que
apareció en el municipio para instalarse, lo hizo a lo grande y desaparece, en
este caso sin tener una alternativa, de manera casi tan violenta e impactante
como supuso su llegada. Las huellas son evidentes en algunos ámbitos, casi
imperceptibles en otros, solo perceptibles para quienes hemos crecido en ese entorno
y muy sutiles a veces. Lo han marcado todo: paisaje, urbanismo, festividades,
certámenes, edificios, personas, familias, ambiente y sociedad. Así que
seguramente por ello, por el hecho de dejar impronta en el municipio y los de
alrededor, ahora que cesa la actividad sin haberse enfrentado el abismo que
despierta su partida, la perspectiva en la distancia es desoladora y en la
cercanía lo es igual y con mayor crudeza incluso.
Este
es el sentimiento con el que me he enfrentado a dicho proyecto, tanto en su
fase de documentación y selección de fotografías que quería incluir, como en
los momentos de realización de las mismas, que además han supuesto el hecho de conversar
con familiares y conocidos sobre lo que suponía una prioridad de ser
contemplado en dicho proyecto, enfrentándonos con mayor crudeza a la bofetada
de realidad que atraviesa Andorra y su comarca. No obstante, al mismo tiempo
que supone una más intensa revelación de algo evidente, conlleva de manera
intrínseca la emoción y el cariño de documentarlo desde el punto de vista,
aunque sea personal, de un ojo y con una intención, la de poner en valor que
esas huellas están presentes y se puede y debe trabajar con ellas para no
olvidarse ni perder de vista su importancia y la aportación que ha tenido en el
desarrollo del municipio. Y es que al final no deja de ser el objetivo
verdaderamente importante de un proyecto de este tipo: enfrentarse a las
dificultades que suponen la obtención y selección de las fuentes gráficas
buscando el momento idóneo y más adecuado, pero también las conversaciones
necesarias para encontrarlas, compartir la experiencia con generaciones
anteriores y con las venideras, así como con las personas que son ajenas a esta
realidad. De este modo, el proyecto cobra sentido y pone en valor esas imágenes
que podrían perder su interés precisamente de manera aislada e individual.













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