PINO ALTO
Rafael Expósito García
La idea fue muy básica y simple: coger mi móvil y caminar
para poder repensar el lugar en el que vivo.
Pino Alto es un barrio del norte de Tenerife
situado en el municipio de La Orotava, en su parte más montañosa. Un barrio
pequeño, de casas terreras, huertas, animales domésticos asalvajados y una
carretera por la que circulan de forma moderada desde coches hasta camiones
pequeños, teniendo en cuenta además alguna moto y bicicletas, si eres joven…
Pero pocas personas.
Este barrio lo atraviesa una carretera recién
asfaltada que resiste como puede el imperativo natural que la rodea. Según qué
tramo, las flores nacen y mueren, los arboles te rozan con su seca caricia y se
arraigan en el asfalto. Esta carretera, por la que apenas caben dos coches,
comunica dos municipios: La Orotava y Santa Úrsula. El tramo da comienzo en el
barrio de La Florida (La Orotava) y atraviesa lo que se conoce como “El Pozo”,
continua hasta el mirador y llega hasta el siguiente barranco que delimita Pino
Alto y La Corujera, barrio de Santa Úrsula.
Lo primero que llama la atención del barrio es su
situación geográfica. Si nos situamos en el barrio de La Florida justo donde
acaba la carretera y empieza el camino que vamos a atravesar, observamos en las
alturas una montaña que contiene una pequeña composición de casas que se
mezclan con el paisaje natural. Iniciando nuestro recorrido a pie nos iremos
adentrando poco a poco en un espacio natural casi salvaje. Un lugar olvidado
donde nos toparemos con zarzales, huertas, rastros de desechos humanos, algún
coche aparcado y alguna que otra caseta abandonada donde resguardarte de la
lluvia.
En este comienzo del camino apenas encontramos
casas donde viva gente, pero a medida que vayamos iniciando la subida
observaremos pequeñas construcciones que se entremezclan con la vegetación
salvaje, algún que otro coche aparcado en la carretera y algún perro que anda
suelto por ahí. Nos daremos cuenta de que caminando solos nos invade una rara
sensación, alguien nos observa tras las paredes y las ventanas que dan a la
calle. A medida que vamos subiendo se van descubriendo más casas y pequeños
caminos que llevan hacia patios aparentemente privados. Esta sensación de
silencio y quietud nos persigue durante todo el camino. Apenas ha subido un
coche. Entonces, a veces, alguno para y te recoge, como acto de voluntad ante
la imponente pendiente que constantemente estaremos atravesando.
Continuando nuestro camino nos daremos cuenta de
que Pino Alto es un barrio que guarda silencio. Este silencio pocas veces es
interrumpido por el canto de los pájaros, el ladrido de algún perro o el motor
de algún coche. De vez en cuando escuchamos algún grito que se pierde en el
vacío o el sonido de las campanas de la pequeña iglesia situada en la plaza que
está en lo alto del pueblo. Pero cuando el sonido deja de rebotar y expandirse,
vuelve de nuevo la invasión del silencio.
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