IDA
Y VUELTA
Andrea
Palomo Chiarlones
Hoy
en día viajar es algo de lo más común. Las redes sociales, por ejemplo, han
potenciado la idea del viaje como algo inherente a una nueva generación, y, a
su vez, se está fomentando más que nunca el viajar como una forma de vida. La
propia industria aérea también ha experimentado un significante crecimiento en
los últimos años, de tal modo que cada minuto del día sobrevuelan el cielo unos
11.000 aviones. Con todo, los viajes están más de moda que nunca, de suerte
que, quien más, quien menos, vuela varias veces al año. Los aeropuertos se han
convertido así en escenarios de nuestra vida cotidiana y en testigos fidedignos
de despedidas y de reencuentros. De idas
y vueltas.
Este
proyecto de fotografía documental tiene entonces como principal objetivo
presentar el Aeropuerto Reina Sofía (Tenerife Sur) con el propósito de recoger
fotográficamente tanto la propia infraestructura del edificio como el devenir
de pasajeros que en él circulan a lo largo de un día. Pero este proyecto no se
centra únicamente en el citado aeropuerto, sino que pretende ser espejo de la
naturaleza propia de todos los aeropuertos en sí y de todos esos elementos
comunes característicos de estos espacios con el propósito de reflexionar sobre
cómo interactúan los pasajeros con el propio aeropuerto y cómo es su
infraestructura general, pero también cómo son esos ínfimos detalles que
conforman el todo de esos no lugares,
como los definía el antropólogo Marc Augé, por los que transitamos, pero no sin
dejar en ellos una parte de nosotros mismos. Con todo, partiendo de la idea de
viaje que alumbraron autores como como Robert Frank o Martin Parr, este
proyecto pretende conducir a la reflexión sobre esos espacios del anonimato, de
tránsito y de flujo.
Pasajeros
deambulando por el aeropuerto, matices que pasan desapercibidos o espacios ya
cotidianos son los claros protagonistas de este proyecto que busca la
visualización de todos esos detalles que precisamente los viajeros asiduos
tienen ya interiorizados y a los que entonces no prestan atención. Los mismos
detalles que determinan la existencia de los aeropuertos como lugares de
tránsito, lugares a los que les insuflan vida los propios pasajeros y que se
llenan de las historias que estos les prestan en su devenir temporal dentro de
ellos.




























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